La icónica Pirámide de la Serpiente Emplumada, también conocida como Templo de Quetzalcóatl, en la antigua ciudad de Teotihuacán, enfrenta una amenaza crítica: su estructura se desmorona progresivamente. A pesar de los esfuerzos y los recursos supuestamente asignados, la falta de una protección adecuada acelera un deterioro que podría ser irreversible.
Expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) identificaron desde 2003 que la humedad es el principal factor de daño, desencadenando efectos negativos por la exposición al viento, la radiación solar y los cambios extremos de temperatura. Esta vulnerabilidad ambiental pone en riesgo la preservación de uno de los monumentos prehispánicos más importantes de México.
En 2022, el INAH anunció con optimismo un plan para salvaguardar la pirámide, seleccionando un proyecto de techumbre de ETFE, un material resistente y translúcido, diseñado para cubrir una superficie de 700 metros cuadrados y con una durabilidad estimada de tres décadas. Se designó al despacho Dos Puntos Arquitectura para ejecutar esta obra fundamental.
La recaudación de fondos para esta ambiciosa protección también fue motivo de anuncios. Tras una campaña de donaciones, en marzo de 2024, se informó que se habían conseguido 50 millones de pesos, aportados por una veintena de empresas. Incluso se fijó una fecha de inicio de obras para el 1 de mayo de ese mismo año.
Sin embargo, la realidad actual dista mucho de los planes anunciados. Las obras de la techumbre no han comenzado y la emblemática pirámide continúa expuesta a los elementos que la erosionan día tras día. La incertidumbre sobre el destino de los recursos y el inicio del proyecto prevalece, dejando en el aire la protección del patrimonio.
El arqueólogo Sergio Gómez Chávez, quien dirigió el Proyecto Tlalocan en el túnel subterráneo del templo, expresó su profunda preocupación y disconformidad. Renunció a la comisión encargada, argumentando que el proyecto ganador fue elegido por ser el más económico, no por su idoneidad, y que sus propuestas originales resultaban inadecuadas para la conservación.
Gómez Chávez advierte con seriedad que, de persistir la inacción, la destrucción del Templo de Quetzalcóatl es inminente y podría ocurrir en cuestión de pocas décadas. Subraya que las piedras que componen la estructura no son eternas y sufren un daño constante que, sin intervención, las llevará a su desintegración total.
A pesar de la grave situación, el arqueólogo lamenta que no se destinen recursos específicos para la conservación de Teotihuacán. Señala que las inversiones actuales se enfocan en mejoras visibles de la zona arqueológica con miras a eventos futuros, como el Mundial de Fútbol de 2026, dejando de lado las necesidades urgentes de restauración estructural.
Ante las consultas de la prensa sobre el estado del proyecto de la techumbre y la situación de los fondos recaudados, ni el área de Comunicación del INAH ni el director del Patronato han ofrecido respuestas. Esta falta de transparencia agrava la preocupación por el futuro de un monumento que es pilar de la historia y cultura mexicana.





