El precio del jitomate, que ha alcanzado niveles récord de hasta 80 pesos por kilo en algunas zonas, se mantendrá elevado al menos hasta la llegada del verano, según advierten los productores del Sistema Producto Tomate. Este grupo señala una escasez generalizada en el país, impulsada por una compleja combinación de factores productivos, financieros y comerciales.
La incertidumbre generada por las previas amenazas de aranceles por parte de Donald Trump en 2025 desincentivó significativamente la siembra. Esta situación, unida a un periodo anterior de precios inusualmente bajos (llegando a 3 o 4 pesos por kilo en origen), llevó a muchos agricultores a reducir drásticamente la superficie cultivada.
Específicamente en Sinaloa, el principal estado productor de jitomate en México, se registró una disminución cercana al 20 por ciento en la siembra. Esta contracción inicial en la oferta sentó las bases para los actuales incrementos en los precios al consumidor.
A los problemas de siembra se sumaron condiciones climáticas adversas. En el noroeste de México, la ausencia de un invierno marcado y el recrudecimiento de plagas y enfermedades debido al cambio climático afectaron gravemente los cultivos. Varios de ellos experimentaron virosis y otros problemas fitosanitarios, mermando aún más la producción disponible.
El representante del sector, Manuel Antonio Cázares Castro, indicó que estados como Sinaloa y Sonora ya concluyeron sus ciclos productivos con volúmenes muy por debajo de lo esperado. Esta insuficiencia impacta tanto el abasto nacional como los compromisos de exportación, creando un mercado tensionado donde la demanda supera con creces la oferta.
A pesar de que el kilo de jitomate se vende hasta en 80 pesos en la Ciudad de México y alrededor de 50 pesos en zonas productoras, los agricultores denuncian que a ellos se les paga entre 25 y 30 pesos. Esta desproporción sugiere que los intermediarios están incrementando los precios de forma considerable y desmedida.
La normalización de la oferta y la eventual moderación de los precios dependen de la entrada de nuevas cosechas. Se espera que la temporada de verano traiga producto de regiones como el Bajío, Baja California, Nuevo León y San Luis Potosí, lo que podría aliviar la presión. Sin embargo, los productores anticipan que los precios, aunque bajen, no regresarán a los niveles mínimos de años anteriores, estabilizándose quizás entre 25 y 40 pesos por kilo.





