El panorama electoral en Perú permanece en vilo, pues el balotaje presidencial entre el progresista Roberto Sánchez y la conservadora Keiko Fujimori se encamina a un resultado de “foto finish”. Con más del 96 por ciento de las mesas de votación contabilizadas, la diferencia entre ambos aspirantes se ha reducido a poco más de 39,000 votos, manteniendo a la nación andina en expectativa.
Inicialmente, Keiko Fujimori había tomado una ligera delantera, pero esta ventaja se revirtió el lunes, cuando Sánchez llegó a liderar con casi 50,000 votos de margen. Sin embargo, en las últimas horas del martes, Fujimori logró acortar esa brecha a apenas 39,000 sufragios, según los datos preliminares de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).
La incertidumbre se intensifica con el inicio del conteo de los votos provenientes del extranjero y de zonas rurales remotas del país, que han llegado a Lima en maletas diplomáticas. Estos sufragios serán determinantes para inclinar la balanza en una contienda históricamente ajustada y polarizada.
El próximo presidente de Perú será el noveno en asumir el cargo en la última década, reflejando una persistente inestabilidad política. Ambos candidatos han asegurado que respetarán los resultados finales del proceso electoral, un compromiso crucial dada la alta tensión.
Keiko Fujimori, postulándose por cuarta ocasión a la presidencia, expresó su “mucha esperanza” en el voto exterior y en un grupo de actas electorales de Lima aún por contabilizar, instando a la paciencia. Por su parte, Roberto Sánchez, exministro del expresidente Pedro Castillo, aún no se pronunciaba, pero su equipo ya había manifestado su respeto por el desenlace.
Mientras tanto, simpatizantes de Roberto Sánchez se congregaron frente al Jurado Nacional de Elecciones, exigiendo que se respete el voto popular y que las autoridades electorales aceleren el proceso de conteo, al tiempo que denunciaban posibles presiones.
Este balotaje es el resultado de una primera vuelta celebrada en abril, donde Fujimori y Sánchez se impusieron a 33 candidatos, aunque ninguno logró superar el 20 por ciento de los votos. Las autoridades tardaron más de un mes en validar esos primeros resultados, lo que añadió al prolongado proceso.
La demora en anunciar al ganador se debe a una compleja ley electoral que exige que cada cédula y acta sea transportada y contada en múltiples oficinas, incluyendo las que provienen de los 63 países donde votaron los peruanos en el exterior. A esto se suman los reconteos y la resolución de posibles impugnaciones, lo que dilata el cierre oficial.
Entre las principales preocupaciones de los votantes peruanos se encuentra el aumento de la delincuencia, particularmente la extorsión. Expertos señalan que el creciente poder del crimen organizado está ligado a los beneficios generados por la extracción ilegal de oro en los Andes y la Amazonía, exacerbando los desafíos que enfrentará el próximo mandatario.
El ganador de esta contienda tomará posesión de su cargo el 28 de julio para un mandato de cinco años, con la tarea de unificar a un país profundamente dividido y enfrentar importantes retos sociales y económicos en un contexto de gran inestabilidad.





