La compleja dinámica entre México y Estados Unidos se enfrenta a un nuevo episodio de fricción con la próxima publicación del libro de memorias del exembajador Ken Salazar. Las revelaciones contenidas en “Fronteras. Mi lucha por un Estados Unidos incluyente” prometen añadir más leña al fuego en una relación bilateral ya marcada por desafíos, especialmente en un momento donde la soberanía mexicana es un punto clave de la agenda política.
Según adelantos del libro, Salazar sugiere que el expresidente Andrés Manuel López Obrador, con quien el exembajador compartió periodo, albergaba inquietudes significativas sobre lo que Ismael “El Mayo” Zambada, líder del Cártel de Sinaloa, podría divulgar tras su captura en circunstancias que el libro describe como “muy oscuras”. Se plantea la posibilidad de que el capo tuviera información comprometedora sobre funcionarios públicos mexicanos.
Sin embargo, la presidenta Claudia Sheinbaum ha ofrecido una perspectiva diferente sobre las supuestas preocupaciones de su antecesor. En una reciente conferencia, Sheinbaum aclaró que la verdadera inquietud de López Obrador radicaba en la posible injerencia de agencias estadounidenses en la detención de Zambada en territorio mexicano para su posterior traslado a EE. UU., más que en el contenido de sus declaraciones.
La controvertida captura de “El Mayo” Zambada en 2024, que el libro atribuye a negociaciones de la facción de “Los Chapitos” con Washington para entregarlo, desató una brutal guerra interna en el Cártel de Sinaloa. Este conflicto entre los herederos de Joaquín “El Chapo” Guzmán y los de “El Mayo” ha dejado cientos de muertos y desaparecidos, marcando un periodo de violencia persistente en la región de Sinaloa.
Salazar también alude a un influyente empresario, cercano a López Obrador, quien supuestamente le confió al exembajador la profunda preocupación del entonces mandatario. Esta preocupación se centraba en la información que Estados Unidos podría obtener de Zambada, en un contexto donde “el poderoso y arraigado capo del narcotráfico pudiera soltar la sopa sobre cualquier cantidad de funcionarios públicos mexicanos”.
Las relaciones entre el Gobierno de López Obrador y la Embajada de Estados Unidos en México experimentaron un enfriamiento significativo tras estos eventos. El entonces presidente llegó a declarar una “pausa” en la relación con Salazar, situación que Sheinbaum ha contextualizado como una reacción a la falta de claridad sobre la participación estadounidense en la operación, percibida como una violación a la soberanía.
La actual mandataria mexicana ha aprovechado el contexto de estas revelaciones para reafirmar la postura de México en defensa de su soberanía, especialmente frente a lo que considera intentos de injerencia externa. Sheinbaum enfatiza que la cooperación bilateral en seguridad y combate al narcotráfico debe basarse en un esquema de paridad, no de subordinación, asegurando que cualquier operación en suelo mexicano sea liderada y ejecutada por fuerzas nacionales con la debida coordinación.





