Ana Luisa Peluffo muere a los 96; familia confirma deceso

Comunicado familiar: duelo íntimo y despedida en privado

La actriz Ana Luisa Peluffo murió este 4 de marzo de 2026, informó su familia en un comunicado en el que subrayó que la intérprete falleció en tranquilidad, acompañada por personas cercanas, en su propiedad en Jalisco. El mensaje también precisó que la despedida se realizará de forma privada, conforme a su voluntad, y pidió comprensión ante el momento. La confirmación del deceso activó mensajes de reconocimiento a su trayectoria, considerada clave para entender una etapa del entretenimiento mexicano que transitó del Cine de Oro a la televisión masiva.

De “Tarzán y las sirenas” a las telenovelas más vistas

Peluffo fue originaria de Querétaro y debutó en la industria con una participación temprana en “Tarzan and the Mermaids” (1948), producción estadounidense que, con el tiempo, se volvió un dato recurrente en las semblanzas sobre su carrera por marcar su entrada formal al cine.
A lo largo de las décadas, su nombre se asoció tanto a la pantalla grande como a la televisión. En el terreno de las telenovelas, su aparición en producciones de amplio alcance le dio una segunda vida mediática: El pecado de Oyuki, Marimar, Lazos de amor y Contra viento y marea figuran entre los títulos por los que parte del público la identifica fuera del circuito cinéfilo.

Esa dualidad —cine clásico y melodrama televisivo— fue uno de los rasgos de su perfil: una actriz que se adaptó a formatos distintos y a públicos cambiantes, sin perder un sello personal ligado a la fuerza de su presencia escénica.

La actriz que rompió tabúes en los años cincuenta

El episodio que la instaló como figura polémica y, a la vez, histórica, fue su participación en “La fuerza del deseo” (1955), cinta citada por recuentos contemporáneos como el momento en que realizó un desnudo artístico que desafió los códigos sociales de la época. En un México donde la moral pública imponía límites estrictos a la representación en pantalla, esa escena detonó debate, censura y una conversación que, con los años, se interpretó como parte de la evolución cultural del cine nacional.

En lecturas recientes, Peluffo aparece descrita como una figura “transgresora” no solo por ese hecho, sino por la forma en que su carrera atravesó épocas con reglas distintas, desde el glamour de los estudios hasta la industria televisiva que dominó el consumo popular. Su muerte abre un nuevo momento de revisión sobre su legado: el de una intérprete que, para bien o para mal, empujó fronteras y dejó una huella reconocible en el imaginario del espectáculo mexicano.