La problemática generada por los hipopótamos descendientes de los ejemplares traídos a Colombia por el narcotraficante Pablo Escobar ha alcanzado un nuevo nivel, pues diversas naciones han manifestado su negativa a recibirlos. Esta decisión se fundamenta en la detección de una mutación genética significativa entre estos animales, lo que complica los planes de reubicación.
La ministra de Ambiente de Colombia, Irene Vélez, confirmó que la mutación es una consecuencia directa de la endogamia, o «pobreza genética», que ha afectado a la población a lo largo de los años. Esta condición se manifiesta en malformaciones físicas, particularmente en la boca de los ejemplares, lo que representa un obstáculo para su aceptación en otros santuarios o parques.
El origen de esta inusual colonia se remonta a la década de 1980, cuando Pablo Escobar introdujo cuatro hipopótamos en su finca «Hacienda Nápoles», ubicada en la región del Magdalena Medio. Lo que comenzó como un capricho personal, con el tiempo se transformó en un desafío ambiental de proporciones considerables para el país.
El Gobierno de #Colombia, a través del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, activó un plan para controlar la población de hipopótamos, considerados actualmente una especie invasora tras su introducción en la década de 1980 por el narcotraficante #PabloEscobar.
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— David de la Paz 戴维 (@daviddelapaz) April 13, 2026
Actualmente, se estima que la población de estos mamíferos asciende a cerca de 200 individuos, y su rápido crecimiento representa una seria amenaza para los ecosistemas autóctonos de Colombia. Son clasificados como una especie invasora, desequilibrando la biodiversidad local y afectando la fauna y flora nativa de la región.
Ante la imposibilidad de reubicación a gran escala, el gobierno colombiano ha puesto en marcha un plan integral que incluye la esterilización y, en casos necesarios, el sacrificio controlado de ejemplares. Se prevé que las campañas de sacrificio, que buscan reducir la población en unos 80 animales, comiencen en el segundo semestre de 2026.
Sin embargo, estas intervenciones conllevan desafíos logísticos y económicos considerables. El costo de sacrificar cada animal se estima en aproximadamente 14 mil dólares, mientras que las esterilizaciones rondan los 10 mil dólares por ejemplar, además de los riesgos asociados para los veterinarios y los propios animales debido a complicaciones con la anestesia. Las autoridades ambientales advierten que, de no controlarse, la población de hipopótamos podría ascender a 500 para el año 2030.





