México ha revelado oficialmente su intención de utilizar la fracturación hidráulica, conocida como «fracking», para extraer gas natural de sus yacimientos. El Gobierno de Claudia Sheinbaum justifica esta medida como un paso crucial para disminuir la alta dependencia de las importaciones de gas desde Estados Unidos, que actualmente cubren el 75% del consumo nacional.
La petrolera estatal Pemex será la encargada de liderar este proyecto, enfocándose en la extracción de hidrocarburos de «yacimientos no convencionales». Según el director de la compañía, Víctor Rodríguez, se espera iniciar el proceso en 2027, con proyecciones de alcanzar una producción adicional significativa para 2035.
Luz Elena González, secretaria de Energía, subrayó la importancia estratégica del gas natural para el país y la necesidad imperante de potenciar la producción local. La presidenta Sheinbaum, por su parte, hizo hincapié en los riesgos geopolíticos de la dependencia energética, citando ejemplos de países afectados en Europa y Asia por conflictos.
Durante la conferencia presidencial, el término «fracking» se evitó, utilizando en su lugar expresiones como «yacimientos de geología compleja». Sheinbaum afirmó que su administración ha sido asesorada por especialistas para implementar métodos de extracción «sustentables», incluyendo el uso de agua reutilizable o de mar, una postura que contrasta con las advertencias de organizaciones medioambientales.
La mandataria, quien es física y pionera en estudios de cambio climático, defendió la incursión en esta técnica a pesar de los compromisos con energías renovables. Argumentó que la soberanía energética es fundamental y señaló que el gas importado de Texas ya proviene de zonas donde se practica el fracking, a escasos kilómetros de la frontera mexicana.
Un comité de expertos continuará evaluando la viabilidad técnica y económica de la fracturación hidráulica durante los próximos dos meses. Sheinbaum reconoció la complejidad del tema, destacando que es una decisión estratégica para el futuro del país que se aborda con responsabilidad y respaldo científico.
Este viraje representa un distanciamiento de la política energética del sexenio anterior de Andrés Manuel López Obrador, quien había frenado el impulso al fracking. Previamente, Pemex ya había explorado estos yacimientos no convencionales durante la administración de Enrique Peña Nieto, demostrando un interés histórico en la técnica.





