El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, se reunió recientemente con legisladores demócratas de Estados Unidos en la isla, aprovechando la oportunidad para condenar el «daño criminal» que, según sus declaraciones, ha provocado el bloqueo petrolero implementado por la administración de Donald Trump. Este encuentro buscó evidenciar de primera mano las severas repercusiones de las políticas estadounidenses en el país.
Durante la reunión, que contó con la presencia de la representante por Washington, Pramila Jayapal, y el congresista por Illinois, Jonathan Jackson, así como con el canciller Bruno Rodríguez y miembros del parlamento cubano, Díaz-Canel detalló cómo las sanciones han afectado gravemente la infraestructura nacional y la vida diaria de los ciudadanos.
El mandatario utilizó su plataforma en X para reiterar su denuncia, señalando el «daño criminal provocado por el bloqueo, en particular las consecuencias del cerco energético decretado por el actual gobierno de EE.UU. y sus amenazas de acciones aún más agresivas». A pesar de la tensión, Cuba reafirmó su disposición a mantener un «diálogo bilateral serio y responsable» con Washington.
Por su parte, los congresistas Jayapal y Jackson no dudaron en calificar las medidas como un «castigo colectivo cruel». Tras una visita de cinco días, donde atestiguaron el impacto directo del embargo, exigieron su fin inmediato, subrayando los efectos devastadores en la población.
La escasez de combustible ha intensificado los prolongados apagones, los cuales se suman a una infraestructura ya deteriorada por la falta de mantenimiento e inversiones. Esta situación ha paralizado servicios esenciales como hospitales y el transporte de alimentos, generando un creciente descontento social que ha derivado en protestas inusuales en varias ciudades cubanas.
Los legisladores estadounidenses describieron con preocupación los escenarios que encontraron: «Vimos de primera mano bebés prematuros en incubadoras en grave riesgo porque no pueden funcionar sin electricidad; niños que no pueden ir a la escuela por falta de combustible; pacientes con cáncer sin acceso a tratamientos; escasez de agua por fallas eléctricas; negocios cerrados y familias incapaces de conservar alimentos, mientras la producción apenas cubre el 10 % de las necesidades”.
Estados Unidos ha mantenido un embargo económico contra Cuba desde la década de 1960, al que el gobierno de Trump añadió un bloqueo específico para impedir el envío de petróleo a la isla, amenazando con aranceles a los países que lo suministraran. Aunque un buque ruso reciente llegó con 100.000 toneladas de combustible, expertos señalan que solo cubriría las necesidades energéticas por poco más de diez días.
Los congresistas demócratas destacaron que Cuba ha mostrado «señales claras de que se trata de un nuevo momento para el país», mencionando aperturas económicas a inversiones cubanoamericanas, la liberación de más de 2.000 presos y la presencia del FBI para investigar un reciente incidente. Consideran que ahora el progreso depende de que Estados Unidos modifique su «política obsoleta de medidas económicas coercitivas» heredada de la Guerra Fría.
A pesar de estos avances, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, reiteró hace una semana la necesidad de un cambio de régimen en Cuba para que su economía mejore. Esta postura contrasta con la de Díaz-Canel, quien acusa a Washington de intervenir y exacerbar la crisis que vive la nación caribeña.





