Francia y el Reino Unido han reafirmado su firme negativa a unirse a la «aventura militar» iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán. Esta declaración conjunta de rechazo surge como respuesta directa a las recientes advertencias de Donald Trump, quien ha insinuado la posible salida de su país de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
La postura de Trump, conocida tras las dudas de su secretario de Guerra sobre el compromiso de defensa colectiva de la OTAN, ha generado inquietud. El expresidente criticó duramente a la alianza, fundada en 1949 para contener a la Unión Soviética, calificándola de «tigre de papel» y afirmando que su pertenencia está «más allá de la reconsideración».
Desde Tokio, el presidente francés Emmanuel Macron enfatizó que Francia no fue consultada y, por ende, no participa en esta ofensiva. Subrayó que esta posición no es nueva, sino consistente desde el inicio del conflicto, y reiteró su llamado a la paz, la desescalada y la reanudación de las negociaciones como única vía para resolver las diferencias profundas.
Macron también destacó la importancia de una reapertura pacífica y concertada del estrecho de Ormuz, una vía marítima crucial para el comercio mundial. Argumentó que Francia, junto con Japón y otras naciones, puede desempeñar un papel vital en asegurar el tránsito seguro por el estrecho, precisamente por su independencia del conflicto.
Por su parte, el primer ministro británico Keir Starmer prometió resistir cualquier «presión estadounidense» para involucrar a su nación en el conflicto. Dejó claro que sus decisiones se basarían en el interés nacional británico y categóricamente afirmó: «esta no es nuestra guerra», anticipando que las repercusiones del conflicto moldearán a su país por una generación.
Starmer advirtió sobre el impacto duradero del conflicto en el Reino Unido, especialmente en un contexto de temores por el costo de vida. Recordó los pasados insultos de Trump, quien ha tildado a Starmer de «cobarde» y ha minimizado las capacidades militares británicas por su negativa a unirse a la ofensiva contra Irán.
Esta postura británica sugiere un distanciamiento de su tradicional alineación con Estados Unidos, buscando un futuro más cercano a Europa. La guerra ha generado una fuerte oposición en varios países europeos y ha provocado un aumento en los precios del petróleo, exacerbado por el cierre de facto del estrecho de Ormuz, ruta esencial para el suministro global de crudo.





