El herpes zóster, comúnmente conocido como «culebrilla», no es una infección de reciente aparición. Se trata, en realidad, de la reactivación del virus de la varicela que permanece inactivo en nuestros nervios durante décadas. Recientemente, un seminario científico internacional ha puesto de manifiesto que este riesgo es una amenaza estadística real, especialmente para quienes viven con patologías crónicas.
Las investigaciones presentadas revelan cifras preocupantes sobre el riesgo acumulado para individuos con ciertas condiciones de salud. Si usted padece alguna de estas enfermedades, su probabilidad de desarrollar herpes zóster se incrementa significativamente en comparación con la población general.
Específicamente, los pacientes con diabetes enfrentan un 38% más de riesgo. Aquellos con enfermedades cardiovasculares ven su probabilidad aumentar en un 34%, y quienes sufren de enfermedad renal crónica tienen un 29% más de posibilidades de desarrollar esta dolorosa afección. Estas estadísticas subrayan la necesidad de una vigilancia especial.
Uno de los aspectos más alarmantes que se abordaron fue el peligro del «falso diagnóstico». El Dr. Tran Hoa, del Centro Médico Universitario de Ciudad Ho Chi Minh, compartió un caso ilustrativo de un paciente hipertenso de 56 años. Inicialmente fue ingresado por un supuesto infarto.
Tras someterse a la colocación de un stent y descartar cualquier fallo cardíaco, se descubrió que el dolor torácico persistente era, de hecho, herpes zóster. El virus estaba afectando directamente los nervios del pecho, generando una sintomatología muy similar a la de un ataque cardíaco agudo, lo que resalta la complejidad de su diagnóstico.
Síntomas clave para identificar el herpes zóster
El herpes zóster sigue un ciclo de incubación que oscila entre 20 y 24 días. Conocer sus síntomas y fases es fundamental para una identificación temprana, lo que puede prevenir daños nerviosos permanentes y reducir la severidad de la neuralgia postherpética.
La enfermedad se manifiesta en varias etapas. Primero, una fase de dolor que dura de 2 a 3 días, caracterizada por ardor, rigidez o una sensibilidad extrema, generalmente en un solo lado del cuerpo, siguiendo el trayecto de un nervio. Le sigue una fase eruptiva, donde aparecen ampollas sobre piel enrojecida, que persiste entre 7 y 10 días.
Finalmente, las ampollas evolucionan hacia costras. Sin embargo, el dolor, conocido como neuralgia postherpética, puede prolongarse por meses o incluso años si no se aborda con un tratamiento adecuado desde el inicio. Esta persistencia del dolor subraya la importancia de la intervención médica oportuna.
Recomendaciones médicas y prevención
La comunidad médica es enfática: la prevención ya no es una opción, sino una necesidad imperante para los grupos de riesgo. Los especialistas recomiendan un enfoque de atención integral donde los médicos tratantes, como cardiólogos, endocrinólogos o internistas, consideren la vacunación como parte esencial del plan de manejo de la enfermedad de base.
En una sociedad con una población envejecida, tomar medidas activas para evitar el herpes zóster se vuelve crucial. La prevención no solo reduce la incidencia de esta dolorosa enfermedad, sino que también contribuye significativamente a mantener una calidad de vida digna para los adultos.





