El cometa interestelar 3I/ATLAS, un enigmático visitante de nuestro sistema solar, ha sido objeto de intensas observaciones por parte del telescopio espacial James Webb. Su llegada a gran velocidad sugería un origen ajeno, lo que capturó la atención de la comunidad astronómica desde el primer momento.
Las recientes mediciones, realizadas a finales de diciembre de 2025, han permitido a los científicos determinar con una precisión sorprendente la edad de este cuerpo celeste. El análisis de los gases que libera a medida que se acerca al Sol ha proporcionado valiosas pistas sobre su composición y las condiciones primigenias en las que se formó.
Los resultados son extraordinarios: el 3I/ATLAS se estima que tiene entre 10.000 y 12.000 millones de años. Esto lo convierte en un verdadero fósil cósmico, significativamente más antiguo que la Tierra y nuestro propio sistema solar, e incluso comparable en edad a la Vía Láctea y al universo mismo en sus etapas iniciales.
Un mensajero de la galaxia primitiva

La clave para desentrañar su antigüedad radica en el estudio de los isótopos presentes en el material expulsado. Romain Maggiolo, investigador del Instituto Real Belga de Aeronomía Espacial, señaló que la composición isotópica de 3I/ATLAS difiere notablemente de la de los cometas de nuestro sistema solar, lo que apunta a una formación hace miles de millones de años en un entorno extremadamente frío, alrededor de 30 grados Kelvin, dentro de un disco protoplanetario denso.
La detección de agua enriquecida en deuterio y proporciones inusuales de carbono sugiere que el cometa se originó en un sistema estelar diferente, bajo procesos químicos distintos. Este descubrimiento es crucial, ya que «indica que la química prebiótica ya podía estar ocurriendo muy temprano en la historia de nuestra galaxia», según Maggiolo, abriendo nuevas perspectivas sobre el origen de la vida.
Un viaje de miles de millones de años
Aunque su trayectoria ha sido fundamental para su estudio, el origen exacto del 3I/ATLAS permanece envuelto en misterio. Es solo el tercer objeto de procedencia interestelar que se ha detectado en nuestro sistema solar, lo que subraya su rareza y la dificultad de rastrear su extenso viaje cósmico.
Después de su breve visita cercana al Sol y la Tierra, el cometa continúa su veloz travesía hacia las profundidades del espacio exterior, cruzando las órbitas de los planetas gigantes en los próximos años. Esta limitación temporal subraya la importancia de las observaciones actuales.
Los científicos creen que la exposición a la radiación cósmica durante miles de millones de años podría haber alterado parcialmente su composición. No obstante, el cometa 3I/ATLAS representa una oportunidad sin precedentes para comprender las condiciones de los primeros entornos donde nacieron las estrellas y los planetas en el universo.





